Esta
es la historia:
Notario (así le
llamaban todos) tuvo la suerte de ser destinado a Cádiz para
cumplir el servicio militar, y fue asignado al Gobierno donde tenía
la residencia el general Gobernador de Cádiz y provincia,
a la sazón D. Miguel Primo de Rivera. Notario comenzó haciendo
guardias hasta que un día fue llamado por el teniente auxiliar
con el que colaboraba en ocasiones en tareas de escritorio y le dijo
que le acompañara al despacho del teniente coronel ayudante.
Así lo hizo sin saber de lo que se trataba hasta que éste
le ordenó que se sentara y escribiese lo que le dictara el
tenienta auxiliar, quién le entregó papel y pluma .
Fue un dictado largo, y cuando terminó le puso otro cuestionario
con algunas preguntas de geografía, historia y problemas de
matemáticas. Terminó pronto y lo entregó. El
teniente coronel se tomó tiempo para ver el examen,
y una vez que comprobó los resultados le llamó y le
dijo: -te felicito, Notario- Entró en el despacho del general
y cuando volvió, preguntó a mi padre si sabía
contabilidad a lo que contestó afirmativamente añadiendo
que había hecho el curso de Teneduría de Libros y llevaba
la contabilidad del comercio en el que trabajaba. Volvió a
ver al general y cuando salió le espetó: supongo que
te gustará no hacer más guardias: -lo que V. ordene
mi teniente coronel- contestó. –Bien, el general
quiere hablar contigo y te llamará pronto, quizás dentro
de unos días. Ahora puedes retirarte y vas a ponerte
a las órdenes del teniente auxiliar que tiene trabajo para
ti- Durante varios días estuvo disfrutando en la oficina porque
el teniente, que ya conocía su caligrafía, le
puso una prueba para letra redondilla y le mandó rotular y
ordenar legajos del archivo.
La
entrevista con el general.
Por
fin el teniente coronel ayudante le llamó a su despacho
y le preguntó si estaba preparado y sabía presentarse,
a lo que contestó afirmativamente. -Mi general está aquí Notario-
dijo el ayudante, y el general les hizo pasar. Después del saludo
de rigor le dijo que se sentara y comenzó bromeando, quizás
para que se relajara, y le espetó: -De modo que tú eres
Notario, claro, con razón escribes tan bien- Y continuó:
-Te vas a venir conmigo y, por lo que me han contado de ti, no se te
escapará que se trata de un puesto de absoluta confianza
porque verás, escucharás e incluso escribirás
cosas que tendrás que tener en absoluta reserva. Estoy informado
de que eres un chico muy responsable ¿qué dices?
-Puede tener
la certeza, mi general, de que será como quiere vuestra excelencia-
El general contestó:
-así lo espero, Notario, ya he ordenado que te instalen una
mesa en la antesala del teniente coronel ayudante a cuyas órdenes
directas estarás, y que alguien te acompañe al sastre
para que te hagan dos uniformes que son los que usarás aquí en
el Gobierno Militar. En la calle para pasear y tal vez para algún
asunto mío particular, vestirás de paisano. Y eso es
todo por el momento ¿qué te parece?- Notario contestó nervioso:
- Muchas gracias mi general,
estoy muy contento, y le aseguro que su excelencia también
lo estará conmigo. No le defraudaré-
-Eso está bien,
chico, puedes retirarte.
Y ese fue el comienzo
de unas relaciones que llegaron a ser afectuosas entre la familia
Primo de Rivera y mi padre, siendo precisamente con José Antonio,
mayor de los hermanos y por el que ha surgido esta historia, con
el que tuvo menos trato pues le conoció con doce años
y estaba ya con sus tíos en Madrid estudiando el bachillerato.
Venía en vacaciones y algún fin de semana o fiesta.
Cuando tuvo más tiempo para hablar con José Antonio
era en Jerez, adonde el general le llevaba con frecuencia.
No tardó mucho
el general en decirle que se quedara en su propia casa quitándole
de dormir en el cuartel y pronto se relacionó con la servidumbre
y con la familia. Recuerdo que mi padre hablaba con cariño
del ama de llaves y de los niños y sobre todo de la tía
que les cuidaba desde que faltó su madre Dª Casilda
Sáenz de Heredia cuando José Antonio solo tenía
cinco años. Pero su predilecto era Fernando, el más
pequeño, hasta el punto de que al ser asesinado cuando
comenzó la guerra, se le oía repetir:
-¡Que lástima
de Fernandito!-
Miguel
fue el único que
se salvó porque lo reservaron para intercambio con un hijo
del General Miaja, en poder de las tropas de Franco.
Notario le había tomado mucho afecto a D. Miguel
y a la familia por su comportamiento con él, y se interesó en
saber de sus antepasados. Contaba que el primer apellido
PRIMO era de un general romano nacido en España a
comienzos del siglo I cuando aún vivía Jesús con
sus padres, la Virgen María y S. José, en su casa
de Nazaret.
Y, refiriéndome concretamente
a D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, marqués de Estella
y Duque de Primo de Rivera, Capitán General del Ejército
y Grande de España, fue uno de los más destacados militares
de todas las épocas. Mi padre decía que fue el mejor.
Cuando llegó a Cádiz, en 1915, tenía
45 años y llevaba dos de general de división, categoría
que correspondía entonces a este Gobierno Militar, y en el año
1917 fue destituido por discrepancias con el gobierno acerca de
la sangría que suponía la guerra de Marruecos y pedir la
devolución de Gibraltar a cambio de Ceuta y Melilla, en el discurso
de ingreso en la Academia Hispano Americana de Cádiz.
En
esta fecha de la destitución, mi padre ya estaba licenciado
pero continuaba a las órdenes del general porque le
pidió que se quedara con él unos meses en su casa de
Jerez hasta que le ordenara las cuentas y papeles que le indicó.
Naturalmente pagándole un sueldo. Mi padre aceptó pese
a que sus deseos eran volver a Tarifa y trabajar en lo suyo e ir
preparando su establecimiento en Facinas tal como le había
prometido su jefe, D. Francisco García Sillero.
Al licenciarse
le dijo el general: -siempre respeté que no quisieras ser
militar cuando te quise ascender a cabo porque estaba seguro y lo
estoy de que hubieras hecho carrera en el Ejército,
pero ahora que te licencias, el Teniente Coronel ha dejado constancia
de tu comportamiento y preparación para ocupar puestos de
mando y anotado en tu hoja de servicios mi informe personal, porque quizás
algún día te sirva, o cambies de opinión.
Notario
le contestó: -se lo agradezco muchísimo, mi general,
pero mi vocación es el comercio y ahora tengo la ilusión
de llegar a mi pueblo para comenzar a preparar mi autonomía
estableciéndome por mi cuenta.
-Lo
sé, Notario, y te deseo éxito, pero si alguna vez cambias,
no dejes de ponerte en contacto conmigo.
LA TARJETA POSTAL
DE JOSÉ ANTONIO
En primer lugar he de aclarar que en el epistolario encontrado
por Cristóbal existe un error ya que la fechan en Madrid el 25
de septiembre de 1925 y lo cierto es que la tarjeta carece de lugar de
expedición y de fecha Transcribo textualmente la información
que tengo de un historiador: “En la página 1.106 de la última
edición de obras completas de José Antonio Primo de Rivera:
Instituto de Estudios Políticos, 1976) figura el texto de una
carta dirigida por éste –en 1924 o 1925—a Juan Notario
Canovas” Tal vez el error se deba a la fotocopia dificultosa (de
las primeras) que envíé Sin embargo en el matasellos de
Correos de Facinas se ve con claridad el día 26 y el año
1923, no así el mes, que está muy confuso según
se observa en la tarjeta auténtica que tengo el gusto de insertar.
No podía ser en 1925 porque ya llevaba un año licenciado
y cuando escribió estaba “de lleno” en el servicio
militar según escribe él mismo.

Está claro
que fue escrita en el año 1923 en marzo o mayo ( me inclino
por 26 MAR 23) en cuyo caso sería desde Barcelona cuando
aun estaba cumpliendo el servicio militar en el regimiento Santiago
en el que ingresó en el año 1922 después de
acabar la carrera de abogado con 19 años a cuyos estudios
accedió con una marcada vocación y aunque desde pequeño
se negó a ser militar, sí se preparó para oficial
de complemento terminando en Madrid en el Regimiento de Húsares
de la Princesa en el que prestó servicios hasta que se licenció en
el año 1924 siendo su padre Presidente del Consejo de Ministros
(En la foto que inserto se observa con el uniforme de oficial de
Húsares durante el relevo de la guardia en el Palacio Real.
En el año 1924
se licenció y dedicó un tiempo a perfeccionar y ampliar
los estudios de Derecho hasta que abrió bufete un año
después. Desde que era un niño decía: “quiero
ser abogado para defender a los obreros víctimas de las injusticias
de los poderosos y a los jóvenes pobres que aun teniendo talento
no se les da oportunidad para estudiar”
ENTREVISTA, EN EL PUERTO
DE FACINAS, CON EL CAPITAN GENERAL PRIMO DE RIVERA, PRESIDENTE
DEL CONSEJO DE MINISTROS.
Juan Notario, se estableció en
Facinas precisamente a principio de 1923 el mismo año que consta
en la tarjeta de José Antonio, quizás contestación
a la que mi padre le escribiera en la que, entre otras cosas, le comunicara
el cambio de residencia ya que la tarjeta está dirigida a Facinas.
En
el verano del año 1925 -si mal no recuerdo, en el mes
de julio- recibió mi padre la orden de que
el día y hora señalados se encontrara en la bifurcación
de Facinas –creo que fue el 19 al mediodía- para cumplimentar
al Presidente del Consejo de Ministros que pasaba con destino a Cádiz
procedente de Algeciras, y quería verle.
Naturalmente,
las autoridades y pueblo en masa se desplazaron al cruce en el ventorrillo
de El Puerto de Facinas con bastante antelación para ver al Presidente
del Gobierno. Cuando llegó la comitiva, entre vítores y
aplausos, se acercaron alcalde, Vicente Vivas y autoridades para
cumplimentarle y cuando el general correspondió al saludo, él
mismo, ante el asombro de la concurrencia, llamó a mi padre que,
lógicamente se había quedado algo rezagado. Al llegar a
la altura de él, se cuadró pero D. Miguel le extendió la
mano y le dio un abrazo. Le cogió del brazo y apartándose
un poco de autoridades y multitud, le preguntó por su situación
a lo que le contestó que le iba muy bien en todos los aspectos:
en el familiar ya tenía la primera hija (mi hermana Antoñita)
con unos cuantos meses y respecto del negocio le dijo que iba prosperando.
En resumen, que estaba muy contento en Facinas. D. Miguel le volvió a
repetir que no dejara de acudir a él si lo necesitaba. Afortunadamente,
nunca tuvo que recurrir al general.
Lo
narrado es lo que yo sabía por mi padre, pero muchos años
después estando en Chiclana conocí a un militar retirado
quien precisamente iba en el séquito cuando la visita a Facinas,
y por él supe que el General le pidió que se fuera
con él y le hacía oficial, pero “ rechazó una
vez más el ofrecimiento” El general comentó: “tiene
muy claro cual es su vocación y, por supuesto, que no ha nacido
para ser militar, y es de respetar”
Conozco
muchas anécdotas que me han contado algunos que fueron compañeros
de mi padre, entre ellos, (El Ceacero) que le cuidaba los caballos
al general, y el que fue cocinero, Pedro Millán, al que visité en
Jaén en su famoso restaurante. Incluso en Cádiz, el
propietario del Bar Madrid, un señor muy mayor. Todos me hablaron de
mi padre y el general.
He
querido ser muy somero para no cansar al lector, pero puesto a escribir, no
puedo extractar más.
Cádiz,
Enero de 2007
JUAN
ANTONIO NOTARIO RONDÓN |