JOSÉ MÁLIA RAMÍREZ

         Nació en nuestro vecino pueblo de Barbate  el seis de agosto de mil novecientos setenta y tres, hijo de Aurora y Juan.  La familia la completa el hermano Manuel.  El padre, dedicado al mundo de la pesca, vio cómo su hijo José desarrolló un coeficiente intelectual por encima de lo normal,  eligiendo los estudios de farmacia, para lo que se matriculó en Sevilla.

         Durante su época de estudiante se aficionó al deporte del ajedrez, formando parte de un equipo sevillano y compitiendo por todo el territorio nacional. Aprovechando las visitas a su pueblo, no perdía tiempo para medirse con otros entusiastas del mismo juego. En muchas ocasiones ha comentado que afronta el mundo de la empresa, incluso de la vida, con la filosofía del ajedrez, meditando las jugadas, arriesgando y teniendo preparadas las respuestas a los “ataques”.

         Para evitar ser una carga económica para sus padres, realizaba los viajes de ida y vuelta a la capital sevillana en auto stop o en cualquier otra manera que le ahorrara el gasto del desplazamiento.

         Finalizada la carrera, decide incompresiblemente abrir una farmacia en el campo, algo insólito para todo el que le conocía y para aquellos que supieron de tal decisión. Y eligió el lugar de La Peña, dentro del municipio de Tarifa, cerca de la ciudad y de la zona donde existen varios camping y junto a la playa. Lugar  también de paso para todo el que recorriera el territorio por la carretera nacional 340.

         Pero no era fácil conseguir los permisos necesarios para esa empresa, debido a las exigentes normativas del sector. José no se amilanó y luchó insistentemente para ello. Me tocó conocerle en esa época al estar yo trabajando como secretario particular del entonces alcalde de Tarifa Antonio Ruiz Giménez. Le acompañé en su interés y en facilitarle todo lo que era posible contagiado por su afán. Desde el ayuntamiento, alcalde incluido, se le prestó todo el apoyo posible hasta conseguir la meta perseguida.
         A mediado de los noventa consigue hacer realidad aquel sueño, abriendo la Farmacia de la Peña, que con el tiempo se convertiría en una de las más visitadas del término, dado el carácter afable y servicial de su propietario. Jornadas de veinticuatro horas, con la cama detrás del mostrador, le sirvieron para contactar con los vecinos del lugar y de las poblaciones cercanas, sin olvidar los veraneantes que copaban la zona en los meses del calor.

         Su carácter abierto hace que conozca a jóvenes como él, consolidando una relación con la facinense Pastora Aguilar, terminando en el altar y creando una nueva familia, de la que han nacido tres hijas. Vivieron la triste desaparición de la primera, y siendo hoy Adriana y Aurora la alegría de la casa.

         Años de esfuerzo y lucha continúa sirviendo cada vez a más personas e instituciones.

         Pero su carácter emprendedor no estaba dormido. Una vez consolidada la farmacia como una de las empresas más rentables del municipio ante la admiración y sorpresa de todos, comenzó a idear un nuevo reto.

  Casado con Pastora Aguilar, hija de Domingo Aguilar, una de las mujeres más agradables y simpáticas del pueblo

         Su comentario ha sido siempre que quería corresponderme por la ayuda que le presté en los trámites para abrir la farmacia, así como hacer algo en el pueblo de su mujer, Pastora. Y de ahí, que siendo yo alcalde de Facinas, me propuso la creación de una Residencia Geriátrica en las cercanías de nuestro pueblo. Era esta una empresa que ofertaría puestos de trabajo, y que no ofrecía nada negativo, fuera en impactos visuales o contaminantes.
         Colaboré con él para la consecución del citado proyecto, que era muchísimo más arriesgado y ambicioso que el de la farmacia. Y lo consiguió a base de tesón, esfuerzo y riesgo. Hoy es uno de los puntos que más puestos de trabajo ofrece a aquellas personas del pueblo que tenga alguna titulación en la especialidad relacionada con la asistencia a  mayores. Otra ventaja para el pueblo ha sido la facilidad para acoger a vecinos en situaciones especiales, para lo que siempre tuvimos la colaboración de José.

         Pero José no es hombre que permanezca mucho tiempo sin “jugar” sin arriesgar ni apostar. Y por eso, llegó a un acuerdo con una empresa especializada en el sector a la que ha arrendado la atención de la Aldea Geriátrica, con ello quedó libre para iniciar una nueva aventura, que se ha transformado en la reciente adquisición de una farmacia en el centro de Cádiz, muy cerca de la catedral.

         Ahora vive  intensamente una nueva experiencia, una nueva ilusión. Ha vuelto a  la jornada de casi veinticuatro horas, y lo más importante, la vuelta a su mundo, el de la farmacia, la atención directa a las personas con sus sabios consejos incluidos. Sin ninguna pereza se dirige cada mañana hasta Cádiz, siendo imprevisible la hora de regreso, encadenando jornadas seguidas cuando toca la guardia.

         Estoy convencido que no ha terminado aún su etapa emprendedora, en alguna ocasión o en tiempos venideros le veremos conquistar cualquier meta que se proponga.

         Yo me siento orgulloso de contar con su íntima amistad, admirándolo y reconociéndolo como un auténtico personaje ya de nuestro pueblo, el que el aceptó como suyo junto a Pastora y las niñas.

 

                   Facinas, 20 de agosto de 2010

                   Sebastián Álvarez Cabeza